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Entre lagunas, cerros y sal

(Modificado del escrito original en abr, 2013)

 

Más que una historia es un viaje visual entre Chinchero y Salineras.
Desde Chinchero, hoy saturado por cientos de vendedoras de textiles y recuerditos de poco valor, hay varios lugares por donde ir.
A un costadito se encuentra la laguna Piuray, y al entrar por la pista vas a subir hacia Cuper Alto y el poblado de Umasbamba, donde destaca su iglesia colonial, relativamente bien cuidada dada su lejanía del circuito turístico tradicional y la dimensión de la población. Desde Cúper Alto y Umasbamba además puedes ver el valle y la laguna desde las alturas.

Cruzando la carretera de Piuray apuntamos a la otra laguna del barrio: Huaypo, un paso clásico para los que van en bici hacia Salineras, desde allí apuntamos hacia el cerro, hacia el poblado de Misminay, allí hay muchas familias involucradas en turismo rural con servicios de alojamiento de buena calidad.
Acerca de esto y sus finanzas y para que se tome en serio, el dilema: una casa para hospedaje cuesta un promedio de 15 mil soles todo acabado con baños, camas y todo, mano de obra propia. Me pregunto, y en cuanto tiempo retorna? Si calculamos en 3 años de retorno, tendría que ser unos 5 mil soles anuales de utilidad por año, digamos entonces que con la venta de alojamiento y servicios adicionales y a un promedio de utilidad de 50 soles por pernocte, resulta que cada emprendedor debe producir al año 100 ocupaciones para recuperar su inversión, conforme reduzcamos los pernoctes, mayor el tiempo de retorno. Números mas, números menos, es aceptable esto? Eso sin calcular el costo de competitividad de la inversión, es decir cuanto habría ganado si esa plata la hubiese metido en otra actividad. Resulta que no es tan rentable y por eso muchos siguen en su chacra y no participan e inclusive se oponen. En sitios donde funciona el volumen va bien, pero no es la realidad de la mayoría. Qué hay que hacer? Lo dejo ahí.
Desde la belleza de Misminay, ahora apuntamos a Moray, sin dejar de andar primero por sus senderos y campos.

De Moray sigue Maras, el poblado data del siglo 16, y tiene algunas casonas sobrevivientes, en su momento tuvo pórticos decorados en piedra, hoy protegidos como herencia cultural. Durante la mitad del S.20 se retomó el diseño y ahora hay varios pórticos del mismo estilo, su iglesia ubicada en uno de los mejores puntos del poblado fue restaurada, y la plazoleta rediseñada con el “ingenioso” detalle de luces de colores que van cambiando cada minuto (plop!). El resto del poblado sigue moviéndose al ritmo de lo que venga. Hasta hace un par de años aún no tenían agua corriente durante todo el día y el internet aún no era el mejor. Sin esos elementos, cómo es posible promover un turismo inclusivo, si no existen los medios para comunicarse? Y aunque no falte agua para el día siguiente, hay que juntar agua en las horas que hay servicio para poder cocinar o bañarse al final del día.
Quedarse a pasar la noche en Maras o Misminay es la voz, nada de ruido, solo tranquilidad y vida apacible alrededor.
Finalmente ir a visitar las minas de sal es el otro premio junto con el paisaje de la ruta. Las minas las puedes visitar en taxi desde los poblados, o si gustas del aire libre también llegar a pie por el sendero que parte de la plaza de armas de Maras.
Buen viaje!

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